Las 5 claves para no perder el estilo y la esencia como persona evolucionada.

Antes de entrar en materia, definiremos los entornos de la evolución como un conjunto de todas las pruebas científicas que evidencian que nuestro presente es mejor y más adaptado que nuestro pasado debido a una serie de mejoras del proceso característico de la «materia viva» a través de una serie de eventos que determinan la especiación y la extinción. La materia, que es sabia, se acopla a un entorno en función de unos determinadas sucesos dentro de la «vida».

Si incorporamos este escenario a nuestra vida actual, ¿Podríamos entonces afirmar que en nuestro presente todos somos mejores de lo que éramos hace unos siglos? La teoría dice que sí. Lógicamente aún tenemos un amplio trabajo por delante, pero a grandes rasgos, todos somos capaces de hacer y convertir nuestros actos en «más evolucionados» y no sólo eso, sino que deberíamos ser responsables de llevarlos a cabo para una mejora de la especie-estirpe.

No se trata de analizar críticamente la vida del otro y modo de vivir de éste. Todos somos distintos, hemos pasado por vivencias y experiencias contrapuestas. Se trata de que nosotros, así como la materia viva se acopla y transforma con todo lo que la complejidad biológica supone, podamos también ser capaces filtrar lo mejor de nosotros mismos. Todos tenemos defectos, cosas que debemos arreglar o aprender en nuestro interior para ser más evolucionados. Empecemos por los que consideramos los cinco puntos básicos.

1- Nunca pienses que lo que haces por los demás cae en saco roto.

A veces nos da la sensación que el otro no agradece el gesto de ayuda que le hemos brindado. Nos ha supuesto un esfuerzo físico o mental y ni siquiera hemos recibido un merecido «gracias». No olvidemos el significado de «altruismo»; Tendencia a procurar el bien de las personas de manera desinteresada, incluso a costa del interés propio. Si nos cuesta llevarlo a cabo, ya no es altruismo, es un deber dudoso. No hay nada de irracional en ayudar por ayudar y convertirnos en mejores sin necesidad de que el otro lo apruebe, lo juzgue o lo valore. Ayudemos sin más, sin esperar realmente nada a cambio.

2- Nunca pierdas la esencia de quién eres. (Salvo que seas una mala persona)

Cada uno de nosotros somos genuinos e irrepetibles, cada genoma que circula por nuestro cuerpo fue diseñado de forma única y no debemos perder la esencia de lo que somos, de cómo hacemos particularmente las cosas. Tienes manías buenas; poténcialas. Tienes características que afectan a los demás; evítalas, pero no perdamos lo genuino que nos hace diferentes al resto. En nuestra diversidad y autenticidad reside la genialidad del hombre.

Decía Ortega y Gaset «Yo soy yo y mis circunstancias»  Podríamos recoger de esa frase muchas lecturas; «que no todo lo que nos sucede depende de nosotros», «que uno no es del todo responsable porque también han influido las circunstancias»… pero si esas circunstancias nos han servido para diferenciarnos del resto y han potenciado nuestros valores, bienvenidos sean!

3-Nunca subestimes el poder de una gran sonrisa.

La sonrisa demostradamente no solo abre puertas de par en par, también libera tensiones, relaja al desconocido y ayuda a unir a los contrarios. No se trata de sonreír a todo el que uno vea con una sonrisa estúpida. Se trata de mostrar nuestra cara más amable no solo al amigo, también y más importante al desconocido. No importa con qué semblante nos reciba el dependiente, recepcionista, adversario o profesor. Nuestro rostro inicial debe ser de confianza y ello se demuestra con la tranquilidad de espíritu. Movamos el músculo cigomático mayor y demos al mundo la oportunidad de que conozcan lo mejor de nosotros.

 

4- Desea el bien a todos los seres vivos.

Maldecir a quién nos ha lastimado y guardar en nuestro interior rencor y rabia no servirá más que para hacernos daño. Somo humanos, y quién nos ha hecho daño, nos ha tratado de forma desconsiderada o a hecho algo que nos ha perjudicado no deja muy buen cuerpo a quién lo recibe pero debemos hacer un verdadero esfuerzo por liberarnos de la carga que supone no zanjar una situación. El odio queda impregnado en nuestro cuerpo y a quien verdaderamente duele es a nosotros mismos.

Normalmente nuestros niveles hormonales son los adecuados a nuestro día a día. Cuando nos enfadamos, nuestro organismo libera cortisol. Una hormona altamente tóxica que se apodera de nuestro cuerpo. Diez minutos de liberación de cortisol pueden equivaler a entre 6 o 10 horas para una total recuperación de sus niveles óptimos.

Debemos, aunque nos cueste, comportarnos como personas evolucionadas que somos y convertir ese dolor en un gran aprendizaje para nuestro porvenir.

5- Sé coherente. (en la medida de lo posible) Lo que dices, lo haces, lo que dices, lo sientes.

Todo lo que manifiestas adquiere un compromiso. La sola manifestación de un hecho ya es un compromiso con uno mismo. Cuantas veces hemos dicho; -«Voy a hacer esto o lo otro» y después ahí se ha quedado y nunca se ha llevado a cabo pero, ¡Qué hay de nuestra palabra! ¿No vale para nada? Es preferible no manifestar nada hasta no dar por sentada que esa idea será una realidad futura. También es importante, no sólo el cumplimiento de la misma, sino que éstas metas tengan una temporalidad. No vale con decir «Voy a dejar de fumar» y a la frase le falte el tiempo determinado. Lo correcto sería _»Voy a dejar de fumar a partir de mañana.» No importa que hoy te fumes dos cajetillas, si has adquirido el compromiso a partir de mañana, tu palabra debería valer para iniciar el cambio a partir de las 12 p.m. del día que está por entrar.

Esta determinación de temporalidad también debería servir para el cumplimiento de nuestros propios sueños. -«Antes de los doce meses quiero haber cumplido esta meta» Si depende de nosotros, debemos ser serios ante el compromiso de nuestra palabra y antes de un año debemos haber hecho lo que estaba a nuestro alcance para verlo cumplido. Una fórmula para hacerlo más probable es que puedas visualizar tus objetivos. Si quieres convertirte en un gran escritor, es importante que te visiones firmando libros para prepararte por lo que está por venir.

No debería haber nada peor que no cumplir la palabra que te has prometido a ti mismo y que encima has manifestado verbalmente a tu entorno. ¡Suerte!